La historia de los colectivos en la ciudad convoca a los busólogos

La historia de los colectivos en la ciudad convoca a los busólogos

Se les ilumina la mirada cuando discuten qué color identificaba a cada línea décadas atrás. Estudian en detalle de cada foto que consiguen. Hoy sueñan con crear un museo.

La historia tiene cientos de recovecos donde hurgar datos y regodearse con fotos sepia. Comenzar a hilvanar relatos –construidos a fuerza de mitos y desmitificaciones en la mayoría de los casos– puede significar una tarea apasionante para quienes desanden el camino en cada área.
En ese rumbo se encontraron sin buscarse algunos busólogos –tienen como hobby el estudio de los buses– que comenzaron a coleccionar imágenes que reconstruyen la llegada de los colectivos urbanos a la ciudad de Santa Fe desde un inicio y su devenir a lo largo de las últimas décadas. Muchos se animaron a compartir en redes sociales sus hallazgos y allí se relacionaron.
El principal impulsor del grupo es Oscar Pecorari, más conocido por amigos y vecinos como Peco, el fileteador. Pasaron por sus pinceles decenas de ómnibus de la capital provincial, llevando su arte a cada calle de los barrios santafesinos.
“Nos juntamos para intercambiar información y recuerdos de los colectivos de antes. Participamos de encuentros nacionales, incluso hubo en Santa Fe en agosto del año pasado y habrá otro en el mismo mes de este año, en Rosario”, empezó a contar Pecorari.
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Hacia Piquete. Uno de los coches de la Línea 1, en los 70. Gentileza/Facebook Colectivos Santafesinos en el recuerdo

El sueño de estos ciudadanos es conseguir un espacio físico en la ciudad donde montar el Museo del Colectivo. En una prolija carpeta, proyecto predecesor del libro, se amuchan fotos viejas y no tanto, para tratar de hilar la historia del transporte público de pasajeros en Santa Fe.
“La historia comenzó con los tranvías. Los ingleses de la Compañía Central de Electricidad explotaban seis líneas de tranvías y una línea de colectivos, la A, que en su principio era de color rojo. Ante la negativa de la empresa de extender una línea más de tranvía por la que hoy es avenida General Paz, se inaugura por el año 1926 o 28 la línea B de ómnibus. Unía la Villa Guadalupe pasando por el centro con La Boca del Tigre (suroeste de la ciudad)”, relató el busólogo.
El recorrido de esas primeras líneas de tranvía podría considerarse un esbozo del circuito actual de los colectivos urbano. “Una de las líneas conectaba las dos estaciones de ferrocarril de la ciudad y los hospitales. Estaba la 4, que unía el centro con la Villa Guadalupe hasta la zona de La Rambla; iba por Aristóbulo del Valle hasta el Puente Negro, desde allí era camino de tierra hasta la calle 30 –hoy avenida Galicia–, donde había una lagunita. Llegaba a General Paz, también de tierra, y luego tomaba hacia el este pasando por el frente de la Basílica de Guadalupe. En esa época donde hoy está la Costanera no había siquiera camino”, describió.
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Años atrás. Colectivo de la Línea D, con sus choferes en uniforme, frente a la Basílica de Guadalupe en los años 50. “Chasis MAN MKN”, acotan como detalle los busólogos. Era habitual que los coches nuevos llegaran hasta allí para ser bendecidos antes de iniciar su labor. Gentileza/Facebook Colectivos Santafesinos en el recuerdo

“Otra línea larga era la 5, que se creó para llevar a los trabajadores del Frigorífico Municipal, al matadero que estaba contra el Salado, pasando Yapeyú. Esa línea llevaba al personal y también se usaba para sacar las reses del frigorífico. La 5 se ocupaba de Piquete y toda la zona norte. También estaba la 3, que iba a Piquete . Ese tranvía hacía el recorrido entre el Cementerio y esa zona, usando las mismas vías de la Línea 5”, continuó.
En un resumen veloz, Peco recordó “la 6, que unía el centro con la zona de Sargento Cabral y María Selva, que si bien estaba pensado que llegara hasta Salvador del Carril, solo lo hacía hasta Alvear e Iturraspe, donde las vías del ferrocarril cortaban el recorrido”.
Los tranvías funcionaron hasta principios de la década del 60. “Los colectivos tuvieron, además de colores que los identificaban, nombres de letras en una época. Así la B fue la 7; la D, la 8; la F, la 9; la G, la 10; la 14 tomó lo que era la R; la 15 nació como 51 y luego se dividió y uno de los tramos, la 15, llegó a Yapeyú”, aportó como dato. Y allí quedó Peco, repasando folios, entre añoranzas de colectivos en colores y el sueño de un futuro museo.
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