La calle “más contaminada del mundo” será solo para peatones

La calle “más contaminada del mundo” será solo para peatones

Oxford Street, en Londres, prohibirá los autos, los ómnibus y los taxis a partir de 2020.

En la calle que algunos científicos han llamado “la más contaminada del mundo” se acabará el tránsito de automóviles. De acuerdo con el reciente anuncio del vicealcalde de Londres para asuntos de transporte, la céntrica Oxford Street quedará completamente limpia de vehículos para 2020. Esto no solo significa una prohibición para los autos –los que ya han sido impedidos de circular en horarios pico durante el fin de semana-, sino también para los autobuses y los taxis, a los cuales, gradualmente, se les asignarán otras rutas.

El plan responde a una necesidad desesperada. Siendo un destino para hacer compras extremadamente concurrido, el aire contaminado de Oxford Street es tan crítico que alcanza niveles por encima de lo normal desde la primera semana de enero. Pero si revertir la contaminación aquí es una urgencia, también se trata de un difícil reto. Gestionado mal, el plan para que Oxford Street sea exclusivamente de uso peatonal corre el riesgo de bloquear la totalidad del Centro de Londres.

Asi se veía Oxford Street en 2006

Asi se veía Oxford Street en 2006

He aquí las razones. Londres, como se sabe, no es Nueva York. En lugar de disponer de un trazado urbano cuadricular, el centro de la capital inglesa es un revoltijo de calles pequeñas que a menudo serpentean y, algunas veces, se detienen abruptamente, dando lugar a callejuelas o callejones sin salida. Hay, desde luego, una red de calles más amplias formando una urdimbre con las anteriores, y cuyo estilo recuerda más bien el de las avenidas. Muchas de estas fueron remodeladas, a fines del siglo XIX, para dar paso a una ciudad más navegable. Ahora bien, impedir la circulación en cualquiera de ellas generará efectos inmediatos en el tráfico, haciendo más difícil definir una ruta alternativa.

Oxford Street no es la excepción. Incluso sin autos es uno de los ejes fundamentales del trayecto este-oeste para los buses que cruzan el interior de Londres, donde cerca de 170 pasan durante una hora en el horario pico. Esto, en sí mismo, es una parte crucial del problema: autobuses atascados y vertiendo gases contaminantes sobre una calle flanqueada por edificios de bordes altos. La pregunta se impone: ¿adónde irían todos esos autobuses?

desde el aire

La ciudad aún no ha dado respuesta, limitándose a decir que serán reasignadas sus rutas. Esto podría implicar la creación de líneas que corran a lo largo de la angosta Mortimer Street hacia el norte, o bien hacia Marylebone Road, la cual queda a varias cuadras de Oxford Street. Otra de las soluciones posibles ya discutidas pasan por limpiar la calle, reemplazando los buses por medio de un tranvía. Esto contribuiría a la limpieza, pero incluso desestimando el gasto, ni siquiera un tranvía impediría que los pasajeros de buses, queriendo cruzar la ciudad, se bajaran en cualquiera de los extremos de la calle para abordar, creando embotellamientos.

Por fortuna para Londres, ya hay sobre la mesa una nueva infraestructura de transporte que podría aliviar la situación. La ciudad verá el lanzamiento del Crossrail –una línea de tren también conocida como la Elizabeth Line– en 2018. Con la finalidad de transportar personas desde zonas periféricas hasta la red del metro, el Crossrail tendrá dos paradas en Oxford Street. Junto a la ya existente Central line, que realiza el mismo recorrido (aunque con cuatro paradas), su lanzamiento podría implicar que menos pasajeros abordaran los buses en la primera.

Oxford Street en la Actualidad. Se ven los famosos Routemaster renovados.

Oxford Street en la Actualidad. Se ven los famosos Routemaster renovados.

No existe una solución mágica aquí. De hecho, el de Oxford Street es un buen ejemplo de cuán complejo resulta conseguir, en una ciudad tan densamente poblada como Londres, no solo un aire más puro y saludable, sino también un sistema de transporte más eficiente. Al ser combatidas, poco a poco, la contaminación y la congestión pueden actuar como el bicho en un juego de Whac-A-Mole. En el momento en que son atacadas en un lugar, bien pueden aflorar en otro. Restringir la calle más importante de Londres al uso exclusivo de peatones que salen de compras puede, a corto plazo, generar un más difuso (aunque más leve) cúmulo de problemas en las calles aledañas. Aun así, si ese cambio produce presión para generar todavía más soluciones colectivas a la contaminación en Londres (permitiendo a sus compradores, por ejemplo, respirar aire más puro), bienvenido sea.

 

Fuente:

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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