Por qué es un problema que me dejes subir primera al colectivo

Por qué es un problema que me dejes subir primera al colectivo

El 95% de las veces que las mujeres vamos a subir a un colectivo y tenemos a un hombre adelante, pasamos nosotras primero. Es un gesto de caballerosidad al cual nos acostumbramos, siempre diciendo gracias, siempre con una sonrisa. Pero qué pasa cuando no querés subir antes que él. Una cree que con informárselo es suficiente, “no, no, pasá vos”, le decís amablemente. Él se niega, quiere que pases y dejar en claro que es un caballero. Volvés a decirle que no, que está todo bien, que entendés que es un caballero pero que pase él que estaba antes. Estoico, se niega. Mientras, la gente espera a que ese baile ridículo de “no no, pasá vos” se termine y con mucha frustración te das cuenta de que no te queda otra que obedecer y seguir adelante porque la gente de atrás te va a linchar.

Es cierto que la realidad ( una mujer muere por ser mujer cada 30 horas) no nos da respiro para observar lo secundario, los detalles mínimos que hacen a la cosa. Pero adivinen qué, lo secundario también es parte, quizás pequeña pero constante, de las fatalidades que nos dan miedo todos los días.

Y ahí, entre esas pequeñeces, está mi fastidio porque yo ya no quiero pasar más antes que ellos si estoy atrás y juro que intento de todas las maneras posibles hacérselos saber, pero nada funciona. Cada vez que me subo a un colectivo o que me ofrecen el asiento, tengo que obedecer aunque no quiera. Y escribo esto para ver si cuestionar esos gestos de caballerosidad que tan amablemente realizan el 80% de los hombres, sirve para que algunos de los que lean este artículo, la próxima que una chica les diga que no, entiendan que no es no.

Gestos que ya vencieron

“Se puede decir que el que te deja pasar en el colectivo o te cede el asiento es porque se considera dueño de tales decisiones: yo decido quién pasa primero y quién permanece de pie. Y en cierta forma metafórica de la etiqueta, la persona más elevada es la que entra más tarde y la que permanece de pie. No siempre estas conductas son indicio inmediato de una posición tomada en la cuestión de los géneros “, comenta sobre el tema el escritor y conductor de radio Alejandro Dolina.

¿Pero la caballerosidad tiene que ver con la gentileza? “Cada gesto, cada cortesía proviene de tradiciones milenarias que no siempre están relacionadas con el machismo. La idea del amor cortés que nace en la Occitania de los siglos XI y XII es la que todavía prevalece en nuestra idea del romance. Allí el caballero, muchas veces fuera de la institución matrimonial y a veces contraviniéndola, se ponía al servicio de una dama y dedicaba su vida a demostrar el amor que le profesaba con actos de valentía, de bondad y de renunciamiento”, explica Dolina, que agrega con ironía: “Me cuesta relacionar estos votos con las actitudes de los moscardones contemporáneos, aunque también aquí el protagonismo está de un solo lado”.

Por otro lado, para Luciano Fabbri, licenciado en Ciencia Política (UNR), docente universitario y educador popular en áreas de género, masculinidades y feminismos, la palabra “caballero” no tiene otras connotaciones que no sean machistas. “Caballero no es cualquiera que sea amable, cordial o gentil, como suelen decir quienes defienden la inocencia del término, y más aún, las prácticas asociadas a él. Caballero, primero, es un término asociado a los hombres. Y afirmo que es elitista, porque no a cualquier hombre. Supone la adecuación a un código de conductas que provienen de un ideal medieval, militar y cristiano, extendido con el paso del tiempo a hombres adultos, occidentales, probablemente blancos y seguramente heterosexuales”, indica.

“Primero las damas”

Pero no nos vayamos a creer igual que cualquier hombre es caballero con cualquier mujer, porque así como hay rangos para ellos, también los hay para nosotras que debemos ser dignas de tal atención. “Para merecer caballerosidad, se requiere ser una dama. En principio, no osar rechazar ese gesto de grandeza del hombre, aceptarlo gustosa, sonriente, agradecida. El gesto de caballerosidad, en general, lleva implícita una noción de superioridad y una alta dosis de paternalismo.´Primero las damas´, porque las dejamos, no porque puedan por sus propios medios, porque quieran o lo merezcan. Es una forma sutil de corroborar quién es el sujeto de poder y autoridad”, explica el licenciado.

Para contraponer con otra voz de los medios, charlé con el Coco Sily, de quién me sorprendió su claridad al respecto. Deconstruir es un verbo hoy muy usado y Sily, borrando con presunta convicción La cátedra del macho de sus trabajos que le dan orgullo, me contó qué opina sobre el tema. “La caballerosidad tiene que ver con una costumbre cultural indudablemente marcada por el patriarcado, pero a mi no me disgusta en cuanto a gesto de cortesía, no deberíamos acentuarlo en el hecho de que por ser mujer uno debería ser caballero. Si un hombre viene con dos bolsos en las manos o asistís a alguien que está en inferioridad de condiciones que vos, uno puede ser caballero sin importar el género”, sostiene.

Creo que en esa respuesta está la clave de lo que sucede con estos inocentes gestos de amabilidad: se realizan por y para alguien que, se cree, se encuentra en inferioridad de condiciones y la pregunta retórica que se me ocurre es: ¿por qué suponen que las mujeres estamos en inferioridad de condiciones?

“A mi lo que más me gusta de la lucha feminista es la búsqueda incansable de la no existencia e importancia del género. Eso me parece realmente maravilloso, que todos seamos evaluados por nuestras capacidades es lo más justo”, dice el humorista y da pie a Fabbri, que indica que la idea al cuestionar estas costumbres, no es que el mundo se quede sin gestos amables, “la crítica feminista hacia la caballerosidad, como hacia toda forma de paternalismo, no busca que los hombres abandonemos entonces todo gesto de amabilidad para dar rienda suelta a la lógica viril de la competencia y la violencia. Sino que esa amabilidad se base en lógicas de cooperación recíproca, más allá del sexo, género y sexualidad de las personas involucradas, y también más allá de sus capacidades, generación, pertenencias de clase y étnicas-raciales”.

La clave es pensar el tema en su profundidad porque nada de todo lo que sucede en la sociedad está dado por la naturaleza ni por obra de magia. Nuestra cotidianidad está llena de estos pequeños actos que marcan desde las pavadas más mínimas, quién manda y quién obedece.

Y yo entiendo que son costumbres pero tal vez la buena voluntad de los caballeros, a las mujeres que no somos damas ya nos empieza a incomodar. Y les aseguro que para mi y para muchas de nosotras, no hay gesto más cordial que un hombre respetando nuestra negativa.

 

El piropo para Alejando Dolina

Esta nota se trata de caballerosidad, lugares públicos y machismo. Y es por eso que el escritor quiso hacer un apartado sobre algo bastante más peligroso e incómodo que el gesto de dejarte pasar en el colectivo: el acoso callejero. Se los dejo como yapa.

“Me permito agregar una respuesta a una no formulada pregunta acerca del piropo. Siento un particular encono por esta institución. En general, un señor que se acerca a una dama con palabras de mala poesía sobre su belleza es, antes que nada, un intruso, alguien que ingresa sin permiso en la intimidad de un tránsito, de un discurso, de un destino. Insisto en los dos pecados principales: la intromisión y la vulgaridad. Algunas veces el piropo no hace más que enmascarar una agresión lisa y llana. Nena, qué gambas sería el ejemplo académico clásico. Pero puede ser mucho peor. Queda por responder, lo admito, una interrogación importante: ¿qué hace un hombre que quiere acercarse a una dama con legítimas aspiraciones amorosas? No hay respuesta mundana. Hay que confiar en las iniciativas bilaterales”.

 

Fuente:

La Nación

(Visited 171 times, 171 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *