A un año del crimen de Leandro Alcaraz, aún no instalaron ninguna cámara en colectivos

A un año del crimen de Leandro Alcaraz, aún no instalaron ninguna cámara en colectivos

La iniciativa está trabada por una cuestión burocrática del Gobierno de la Provincia: esperan que Economía libere los fondos.

La pregunta es la constante. Hace un año que se repite en silencio. Los Alcaraz no entienden por qué. Por qué la tarde del domingo 15 de abril a Leandro Alcaraz (26) le dispararon a matar. “No fue un robo”, “no llegó a ser una pelea”, fue un “entredicho” por la tarjeta Sube. Son apenas versiones de lo que llegaron a ver los testigos que ese día, cerca de las 18, viajaban en el interno 103 de la línea 620.

Este lunes es el primer aniversario del crimen que sacudió a Virrey del Pino y, en medio de una investigación engorrosa, hay dos detenidos acusados de matar a Leandro.

Mientras tanto, la promesa oficial de instalar cámaras en los colectivos quedó, por ahora, en eso, ya que no colocaron ninguna por una traba burocrática: Economía aún no liberó los fondos.

Protesta a un año del crimen del colectivero Leandro Alcaraz en Virrey del Pino.

“Hace un año que no encontramos respuesta, no hay un por qué para esto. Los testigos dicen que no hubo una discusión o pelea. Se dijeron algo pero este tipo se sentó, mandó mensajes y después lo mataron a Leandro. Es todo lo que sabemos, no los conocemos ni entendemos por qué hicieron esto”, dice Giselle Alcaraz, la hermana del colectivero asesinado.

Leandro tenía seis hermanos, estaba en pareja y tenía una hija de entonces tres años, Zoe.

Estaba construyendo su casa y hacía un mes que se había mudado con su familia. Ese lugar que construyeron ahora está deshabitado y su mujer todavía no pudo volver.

“Desde un primer momento el objetivo era buscar a los asesinos reales. No queríamos perejiles, sino a los verdaderos responsables. Mi hermano no va a volver más, pero ellos tienen que estar en la cárcel el resto de sus vidas”, reclamó Jésica, otra de las hermanas Alcaraz.

El padre, la madre y la hermana de Leandro Alcaraz, en la marcha de este domingo, a un año del crimen del colectivero.

El crimen del chofer fue conmocionante. El cortejo fúnebre, acompañado por cientos de choferes de colectivo con sus camisas celestes, volvió a poner en debate las condiciones de seguridad de los conductores.

Entonces hubo un paro de actividades y se reflotó la promesa de instalar cámaras de seguridad en las unidades.

Fuentes del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires confirmaron a Clarín que hay «en etapa de preadjudicación para instalar en 1150 colectivos», pero que aún no han sido compradas ni elegidas las empresas proveedoras porque no se liberaron los fondos por una cuestión burocrática.

«En tres meses, los colectivos que realizan recorridos nocturnos en el GBA deberán tener cámaras de seguridad. Y todas las unidades tendrán que colocar esos dispositivos en un plazo máximo de seis meses«, anunció el ministro Cristian Ritondo dos días después del crimen de Alcaraz.

Las fuentes oficiales consultadas por Clarín remarcaron que, desde el homicidio del chofer de la línea 620, “se realizan patrullajes y operativos regulares en puntos fijos y aleatorios basados en la interceptación de colectivos e identificación de pasajeros, con el objetivo de neutralizar cualquier accionar delictivo y contravencional”.

Durante este período, identificaron a 399.900 personas y secuestraron 2.100 armas de fuego, 1.200 armas blancas, 8.400 dosis de cocaína y 2.700 dosis de paco.

Los perejiles y los hermanos

Con la misma celeridad detuvieron a tres personas y las señalaron como las autoras del homicidio Seis meses después terminaron liberados y confirmaron que nada habían tenido que ver con el hecho.

Los asesinos no eran ni Jonathan «El Viejo» Acevedo (18), obligado a «confesar» el crimen mientras lo filmaban y hostigaban en un calabozo de la comisaría. Ni «El Tanito», un adolescente de 17. Ambos fueron detenidos a las pocas horas del crimen. Tampoco era Juan Alfonzo «El Paraguayo» Gauto (30), quien pasó tres meses preso acusado de haber participado del crimen.

“Fue complicado llegar a las verdaderas detenciones pero nunca dejamos de lado la investigación, siempre luchamos para que encuentren a los responsables Primero costó encontrar testigos, después con la recompensa empezaron a aparecer. Fue pasando el tiempo, las fechas se hacen difíciles, ya sea las fiestas, la hija de Lean actuando o empezando el jardín. El recuerdo es permanente, se sufre, sabemos que esto no se va a superar nunca más, pero ponemos el hombro para seguir adelante”, analiza Jésica.

Fue en octubre y a través de un celular que dieron con dos nuevos sospechosos. Son hermanos paraguayos, de 18 y 22 años, que cayeron tras 11 allanamientos en José C. Paz, Monte Grande, Transradio, Rafael Calzada, La Tablada y González Catán.

Es que una mujer fue asaltada el mismo día del crimen de Alcaraz, a pocos metros. Le quitaron el celular y, por las descripciones, corroboraron que fueron los mismos que habían matado al colectivero. Analizando las antenas y las comunicaciones telefónicas detectaron a una persona que estaba usando ese celular: era la madre de los hermanos López Brizuela. 

El más chico tenía 17 en el momento del crimen, por eso la causa permanece en manos de la fiscalía juvenil N° 2 a cargo de Emilio Spatafora.

Los capturaron en la villa Scasso, en La Tablada (La Matanza). Pero en Transradio, un barrio de Esteban Echeverría, habían detenido al padre de los López Brizuela pero por «portación ilegal de arma de guerra«. Es que en su casa estaba el revólver calibre 38 marca Fox modelo 1930, el  arma con la que le dispararon a Alcaraz.

Las pericias fueron contundentes: de ese revólver salió el disparo que mató a Leandro. 

Ahora la causa está en manos de la Cámara, a la espera de que resuelvan las apelaciones a los pedidos de prisión preventiva solicitada por el fiscal Spatafora.

Los capturaron en la villa Scasso, en La Tablada (La Matanza). Pero en Transradio, un barrio de Esteban Echeverría, habían detenido al padre de los López Brizuela pero por «portación ilegal de arma de guerra«. Es que en su casa estaba el revólver calibre 38 marca Fox modelo 1930, el  arma con la que le dispararon a Alcaraz.

Las pericias fueron contundentes: de ese revólver salió el disparo que mató a Leandro. 

Ahora la causa está en manos de la Cámara, a la espera de que resuelvan las apelaciones a los pedidos de prisión preventiva solicitada por el fiscal Spatafora.

Este domingo, desde las 14, la familia del colectivero organizó una convocatoria en el kilómetro 35 de la ruta nacional 3 para seguir exigiendo justicia por el crimen de Leandro, mientras esperan el juicio.

Sus compañeros de la línea 620 y la 382 colocaron una placa en homenaje y nombraron «Leandro Alcaraz» a la sala de descanso de los choferes.

 

Fuente:

Clarín

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