La histórica línea 59 de colectivos cumple 90 años

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La línea 59 pelea por consagrarse como la primera que fue fundada en Buenos Aires. “El Pampa” es uno de sus Grandes choferes. En esta nota, cuenta los detalles de su día a día arriba del “bondi”.

La línea 59 pelea por el podio para declararse como la primera que se fundó en la ciudad de Buenos Aires, el 27 de Septiembre de 1928. Tomó su número de los viejos recorridos de los tranvías y es un ícono entre los “bondis” de la ciudad.

Próxima a cumplir 90 años, une, con la agilidad de cualquier joven, la estación de trenes de Constitución con la localidad de Munro, en Vicente López. Todos los días transporta miles de vecinos que entran y salen de la ciudad.

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Uno de los choferes de la tradicional línea es Diego Barrientos, el número 33 del programa Grandes choferes de la Ciudad, que cuenta más del 59 y de sus viajes diarios.

Diego es hijo de padre correntino, ama el chamamé y el folklore, y por eso sus pasajeros lo apodaron “el Pampa”. En el viaje uno de los pasajeros dijo que a Diego le dicen así porque vive hablando de José Larralde y de vez en cuando, en alguna parada o semáforo, canta varias estrofas. Si fuese por él, y se pudiera, pondría Larralde desde Constitución hasta Munro. Pero por sobre todo, sus pasajeros afirman que “el Pampa” es un gran chofer.

“Es muy amable, siempre está de buen humor, con una sonrisa. Se preocupa por que subamos y bajemos bien del colectivo, de cuidarnos, de no ir rápido o hacer maniobras bruscas. Yo ya estoy un poco mayor y una se da cuenta cuando el chofer no se deja avasallar por el tránsito y maneja como tiene que manejar, sin apurarse de más.” destacó Elsa, una vecina de Belgrano.

Reconocer lo bueno

Diego aclara algo que para él es fundamental el programa Grandes choferes: “Lo que me parece espectacular es que el vecino usa el programa para reconocernos y felicitarnos por manejar bien. No es para criticarnos o señalar lo que sale mal. No es para quejarse, al contrario, es para marcar lo bueno y eso es algo a lo que como sociedad no estamos tan acostumbrados. Me parece buenísimo”.

Además, el chofer cuenta por qué los vecinos y sus colegas deben participar del programa: “Es importante para todos, más allá de quién gane el viaje o el año de viajes gratis en su tarjeta Sube”.

En la terminal, Diego describe el sentimiento de estar frente a un volante de colectivo. También explica para qué sirve cada botón, cada palanca, cómo se marcan las tarifas de la tarjeta Sube y además, detalla todo sobre el extenso recorrido del 59.

“Casi que dejamos a los pasajeros cerca de todos los lugares emblemáticos e importantes de la Ciudad. Pasamos cerca de 14 hospitales entre Capital y Provincia, 12 teatros, cinco shoppings por si quieren ir de compras y cuatro canchas de fútbol”, subraya Diego.

Uno de los estadios es el de Platense, en la avenida General Paz, y Diego acota que el año pasado el equipo ascendió, por lo que se multiplicó la cantidad de pasajeros con la camiseta del “Calamar” que empezaron a viajar en el 59 desde todos lados. Pero sin dudas, su parte preferida del recorrido es Recoleta, por sus edificios, su historia, sus fachadas antiguas y sus lugares para comer.

Como un gran conocedor de la ciudad, no duda en recomendar comer algo en El Fervor y que lo más rico es, sin dudas, los mariscos o el pescado a las brasas.

Ser chofer como mi papá, que no era chofer

“Mi viejo trabajaba en una empresa de seguridad y el uniforme era camisa celeste, corbata azul y pantalón de vestir, igual que la mayoría de los choferes de todas las líneas. Lo gracioso era que cuando se subía al colectivo para ir a su trabajo y llevarme al colegio, todos los choferes lo dejaban pasar por la camisa celeste, y no le cobraban. Entonces yo pensaba que era chofer. Hasta que un día uno de los choferes le pidió ayuda para destrabar la boletera, y, como mi viejo no tenía ni idea, nos bajamos para que no se dieran cuenta”, dice Diego todavía riéndose de la anécdota y confirmando que desde chico quiso ser chofer.

“Casi que dejamos a los pasajeros cerca de todos los lugares emblemáticos e importantes de la Ciudad. Pasamos cerca de 14 hospitales entre Capital y Provincia, 12 teatros, cinco shoppings por si quieren ir de compras y cuatro canchas de fútbol”, subraya Diego.

Uno de los estadios es el de Platense, en la avenida General Paz, y Diego acota que el año pasado el equipo ascendió, por lo que se multiplicó la cantidad de pasajeros con la camiseta del “Calamar” que empezaron a viajar en el 59 desde todos lados. Pero sin dudas, su parte preferida del recorrido es Recoleta, por sus edificios, su historia, sus fachadas antiguas y sus lugares para comer.

Como un gran conocedor de la ciudad, no duda en recomendar comer algo en El Fervor y que lo más rico es, sin dudas, los mariscos o el pescado a las brasas.

Ser chofer como mi papá, que no era chofer

“Mi viejo trabajaba en una empresa de seguridad y el uniforme era camisa celeste, corbata azul y pantalón de vestir, igual que la mayoría de los choferes de todas las líneas. Lo gracioso era que cuando se subía al colectivo para ir a su trabajo y llevarme al colegio, todos los choferes lo dejaban pasar por la camisa celeste, y no le cobraban. Entonces yo pensaba que era chofer. Hasta que un día uno de los choferes le pidió ayuda para destrabar la boletera, y, como mi viejo no tenía ni idea, nos bajamos para que no se dieran cuenta”, dice Diego todavía riéndose de la anécdota y confirmando que desde chico quiso ser chofer.

 

Fuente:

Clarín

Foto principal:  Diego Barrientos, es colectivero de la línea 59 y es uno de los que participan de los Grandes choferes de la Ciudad.

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