Los jugadores de Boca probaron a mazazos su micro blindado en la previa del superclásico

Los jugadores de Boca probaron a mazazos su micro blindado en la previa del superclásico

Boca visitará a River el próximo domingo, desde las 17, en el estadio Monumental por la fecha 5 de la Superliga y esa será la primera vez que se enfrenten desde la revancha de la Superfinal de la Copa Libertadores de América disputada en el estadio Santiago Bernabéu, en la que se impuso el Millonario y se quedó con toda la gloria.

El Gringo Ebertz, el chofer del micro del club, recuerda los incidentes de la final. Sus miedos, las pesadillas que tuvo, el pedido de su mujer, la declaración en el TAS, los recaudos y la prueba que le hicieron al bus, hoy blindado.

Los recuerdos del Gringo son un montón. Desde el día que Bianchi lo hizo parar en la Panamericana camino a Rosario porque un profe se había olvidado algo, hasta las veces que el Virrey lo hacía hospedarse en el hotel donde almorzaba y cenaba con los jugadores. Pero también desde los mates que le cebaba Riquelme, a quien no le gustaba que él masticara hojas de coca, los buenos ratos en la cabina con Erviti y Pablo Ledesma y los desayunos con Falcioni hasta el tatuaje de Benedetto y la emoción por llevar a una figura mundial como De Rossi.

El Gringo es Darío Rubén Ebertz, el verdadero conductor de Boca: desde hace más de 10 años es el chofer del micro que traslada al plantel. Y por supuesto, dentro esos recuerdos, está grabado en su memoria el 24/11/2018, día que los hinchas de River agredieron a piedrazos al bus en la final de vuelta de la Copa, que por ese incidente se terminó jugando a 10.000 km de Núñez: en Madrid. Ahora, este domingo, tanto el Gringo como parte el plantel volverán a revivir aquellos recuerdos, aunque esta vez irán al Monumental con otros recaudos. Por empezar, con un micro súper blindado.

-¿Qué te genera volver a ese estadio?

-Va a ser la primera vez que vuelva, pero sin dudas que me genera una sensación muy rara, extraña. Aunque creo que esta vez no pasará nada. Porque si ocurre algo es para que se desmadre todo de nuevo, si volvemos a lo mismo es como que no aprendimos nada.

-¿Tenés miedo?

-No, no. Miedo, no. Y más después de lo que pasó. Además ahora el micro está más seguro y eso ayuda. Es volver a sentir esa adrenalina de ir de vuelta. Pero hay que ir, llevar a los muchachos y jugar el partido.

-¿Cuál es la primera imagen que se te viene a la cabeza cuando te acordás de ese día?

-Cuando voy doblando y explota el vidrio de mi puerta. Nunca más en vida me voy a olvidar. Fue una botella. Me golpeó en la parte de la axila abajo porque yo me cubro con el brazo arriba y me pega ahí. Gracias a Dios no me llegó a tocar la cara ni los ojos. En ese caso no sé qué podría haber pasado.

-¿Hay precauciones para el domingo?

-Todavía no. Seguramente el jueves o el viernes, cuando lleve a los jugadores a la concentración, me dirán algo. Sólo se habló de que tenemos que volver a esa cancha. Insisto: creo que no va a pasar nada, pero el temor siempre está…

-¿El micro blindado ya se probó?

-Sí, sí se lo probó. Llevaron un auto al predio de Boca en Ezeiza con los mismos vidrios blindados que se le pusieron al micro y hasta los mismos jugadores le pegaron con una maza y no se rompen… O sea, se rompe el vidrio de la parte de afuera, se astilla, pero para adentro no pasa nada. Tiene doble vidrio con una lámina de espesor muy gruesa en el medio. Y eso no deja que la piedra que impacta pase para el otro lado. Pero mirá que le pegaron fuerte, eh. Y nada.

-¿Eso les dio tranquilidad?

-Estaban todos los jugadores, les explicaron todo. Incluso subieron al micro y les mostraron cómo funcionaba el cuidado de los vidrios. Y es perfecto. Para eso se blindó.

-¿Vos hablaste con algún jugador que haya estado ese día en el Monumental?

-No, no, no es algo que haya que traer al caso ahora. Es como dice Alfaro, primero está el partido de Liga y luego River. Nosotros vamos a ir por el mismo lugar y la Policía tendrá que tomar los recaudos necesarios para que no haya problemas. El otro día me contó un compañero que llevó al plantel de Cerro Porteño al Monumental y sobre Quinteros no estaba el fenólico ese (el material que aquella tarde se usó como protección para separar a la gente), pero estaba lleno de policías y no había hinchas de River.

-Debería ir todo bien ahora, entonces.

-¡Exacto! El lugar que más miedo me da es ahí, en Quinteros,, donde está la rotonda. Es medio jodido. Hay cuatro calles, para el costado, para todos lados. Ahí es donde debería estar la mayor cantidad de policías. El operativo lo preparan ellos y saben. No podemos entrar por Figueroa Alcorta o por el puente Labruna porque están todos los de River. Nunca tuvimos problemas hasta ese día…

-¿Qué pensás que pasó?

-Y… alguien se le escapó la tortuga. Se confundieron los que tenían que controlar a la gente. Nunca me pasó de tener a tanta gente cerca del micro, he ido a montones de clásicos y nunca pasó igual.

-¿Esto es lo que declaraste en el TAS?

-Sí, yo fui el primero que declaró. Ahí lo vi a Pablito Pérez y creo que más tarde fue Carlitos (Tevez). Me preguntaron lo que declaré, no dije nada raro ni cambié nada de lo que había dicho antes, que es esto mismo que te estoy diciendo. Lo mismo.

-Por tu experiencia, por haber ido a muchos superclásicos llevando a Boca, ¿ese día vos percibiste algo de eso?

-Sí, sí, apenas salimos del túnel de Libertador… Me di cuenta de que había algo que no estaba bien, que no era normal lo que estaba pasando, que había mucha gente a los costados del micro. Se notaba que el ambiente, como dice el refrán, no estaba para bollos. Había algo raro. Pero bueno, nadie se quiso hacer cargo de nada. Todos se lavan las manos, vamos a ver qué dice el TAS.

-¿Tu familia te pidió que no vayas más al Monumental?

-Mi señora sabe que voy a ir igual, me dice que tenga cuidado pero yo voy a ir igual. Me lo dice siempre. Incluso el domingo pasado, que tenía que llevar a Boca a Banfield y no me pude ir en el tren Belgrano, que es el que siempre tomó desde mi casa, porque jugaba River y a mi la mayoría me conoce. Muchos saben que ando con el micro de Boca y por ahí te dicen algo, te miran mal, o quizás te buscan… Qué sé yo, viste cómo es el fútbol…

-¿Y por qué pensás que es así?

-Y qué se yo… El domingo hay que ir a jugar un partido de fútbol, desearle suerte al equipo rival y que gane el mejor. Eso debería ser el fútbol. Pero acá no es así. Cuando salíamos de Banfield nos puteaban y nos decían que ojalá nos “rompan el or… en el gallinero”. Hasta de otros equipos nos desean lo peor, je. Esto es Boca.

-¿Pudiste superar lo que pasó? ¿Tuviste pesadillas sobre ese día?

-Y es difícil, soñé un montón de veces con ese día. Pero trato de llevarlo lo mejor que se pueda. Más vale que lo pienso en todo momento, porque así como no pasó nada podría haber pasado una catástrofe, un desastre. Y por ahí me encuentro con gente que ahora me dice: “Gringo, a los de River pasalos por arriba”. Pero eso está mal, estamos hablando de seres humanos y es terrible lo que pasó. Ahí me empiezo a acordar de todo, la cantidad de gente que había, los piedrazos cuando hicimos la rotonda, las escupidas, y todo al lado mío y del micro.

-¿Pensás que puede pasar algo cuando el micro de River vaya a la Bombonera si es que hay una semifinal en la Copa?

-No creo que la gente de Boca reaccione así. La gente de Boca quiere ganar. Pasó un montón de veces que River vino a la Bombonera y no pasó nada. Mismo en esa final, en la ida: ellos entraron cantando, golpeando los vidrios y no hubo ningún problema. Varios se bajaron tapándose la nariz y provocando, lo vi yo. Y no ocurrió nada, ni tampoco va a pasar si vienen otra vez.

 

Fuente:

Olé

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