La vida de «Tamalito»: robaba ómnibus; ahora vende turrones y quiere ser chofer

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Un accidente con un caballo casi lo mata cuando tenía seis años. Aprendió a sobrevivir en la calle.

Tenía 10 años cuando se hizo famoso por haber robado un ómnibus. Sacó un colectivo de la estación terminal, dio un paseo de casi cinco horas hasta que lo interceptaron. Todo el mundo habló de “Tamalito”, como le llaman sus amigos y familiares. La travesura del menor podría haber terminado en tragedia. En aquel tiempo, “Tamalito” pasaba muchas horas en la calle, lejos de su casa. En las noches solía dormir en la terminal de ómnibus. Se hizo amigo de los choferes, porque él decía que su sueño era ser colectivero.

Aquella vez, en mayo de 2010, “Tamalito” se había escapado del Hogar Eva Perón, donde compartía el tiempo con otros menores en situación vulnerable. Dijo que estaba aburrido y por eso sacó el ómnibus que había quedado con la llave puesta. Era un niño y vendía estampitas en la zona de la terminal. Conocía el movimiento de los choferes, los inspectores, y los maleteros.

La historia de Tamalito comenzó mucho antes. La primera vez se robó una moto. Ocurrió también a los 10 años; unos meses antes de haberse llevado el ómnibus. Vivía en Banda del Río Salí. Se movía por la zona del barrio “Bajo la Pólvora”. De pronto, pudo ver que un vendedor llegó en una moto tipo scooter. Se bajó, entró a un quiosco y, como demoraba en salir, “Tamalito” se subió y aceleró en cuestión de segundos. “Esa fue la primera vez –recuerda “Tamalito”, hoy con 19 años-; andaba dando vueltas en la moto hasta que ya no quedaba nafta”, dice. El robo duró menos de un día. Un amigo del barrio se acercó a “Tamalito” para decirle que tenía que entregar la moto a su dueño.

“Tamalito”, el nene que no podía parar de robar colectivos

Ese no salió en los diarios. Apenas unos vecinos se enteraron en el barrio. Quedó como una anécdota en Banda del Río Salí. Sin embargo, cuando se llevó el ómnibus de la Terminal, la mayoría de los tucumanos se enteraron quién era el popular “Tamalito”. En aquel tiempo, la noticia se tomó como un chiste que terminó sin consecuencias. Un niño de 10 años roba un ómnibus, da un paseo y lo atrapan unas cinco horas después. Cuando la Policía lo interroga, el niño dice que cuando sea grande quiere ser colectivero. Todos sonrieron con la tierna historia de “Tamalito”.

Pero, cuatro años después, en julio de 2014, volvió a las páginas policiales. “Tamalito” repitió la “hazaña”. Se robó un ómnibus de transporte interurbano de la empresa “Nueva Fournier”, que estaba estacionado en la plataforma de la terminal. Aceleró y se fue a su casa. Quería mostrarle a su familia que ya sabía manejar un ómnibus.

Al atraparlo, la Policía descubrió que en el colectivo no faltaba ninguna de las pertenencias del chofer. Estaban todos los papeles y la billetera. El adolescente, por ser menor de edad, era inimputable. La unidad tampoco había sufrido daños; entonces el juez de menores resolvió que “Tamalito” fuera entregado a sus padres.

En la casa de “Tamalito” son siete hermanos. Sandra, la madre, le pelea a la vida para criarlos. Muchas veces no podía controlar a su hijo. “Tamalito” aprovechaba esa “libertad” para salir a la calle. Desde Banda del Río Salí subía al colectivo, cuando aparecía un chofer amigo y se iba al centro de la capital o a la zona de la terminal para repartir las estampitas. El padre se fue de la casa. “Casi no tengo contacto con él –dice hoy con 19 años a cuestas-. A veces lo voy a ver, pero con mi viejo poco y nada; salvo hola y chau”, agrega con una mueca con la boca, como una señal de desinterés. Heredó el apodo de su padre, a quien le dicen “Tamal”.

Con la madre es diferente, porque los hijos se quedaron a su lado. En enero festejaron el cumple de la mujer que llegó a los 50 años. El 24 de enero, con una pequeña torta y una vela, le cantaron el feliz cumple a Sandra.

“Mi vieja sos la que dio todo por mí, que dios te tenga #SIEMPRE EN LA GLORIA” escribió “Tamalito” en su muro de Facebook.

Pasaron nueve años de aquel robo del ómnibus y “Tamalito” sigue pasando más tiempo en la calle, que en su casa. Ahora la familia vive en Alderetes. Ya no reparte estampitas. Vende golosinas en los colectivos. Muchos lo reconocen cuando sube para ofertar turrones o alfajores, depende la época del año. “Siempre me muevo por las mismas líneas y hago el mismo recorrido”, asegura.

Por costumbre, sube y baja de los ómnibus que recorren las calles Santiago del Estero, Salta, Crisóstomo Alvarez hasta llegar a la terminal. “Ya estoy grande para andar repartiendo estampitas; no puedo hacer eso. Si le das una estampita, la gente te manda a laburar”, admite.

A los seis años, “Tamalito” tuvo un accidente grave. Todavía vivían en Banda del Río Salí. Su padre, que en aquel tiempo estaba bajo el mismo techo, compraba verdura para vender. El trayecto al Mercado lo hacía en un carro tirado por un caballo. A la tarde, al animal lo ataban en un improvisado palenque cerca de la casa. A esa corta edad, “Tamalito” no tuvo mejor idea que correr hacia el caballo y tirarle de la cola. Con la velocidad de un relámpago, el caballo tiró una patada con tanta mala suerte para “Tamalito” que le pegó en la ceja derecha. La sangre brotó mientras el niño lloraba asustado. El corte le quedó para toda la vida con una cicatriz muy visible que baja en forma vertical en la frente hasta llegar al párpado.

Sobrevivió y, a pesar del susto, siguió haciendo travesuras; aunque nadie imaginaba que ese niño golpeado por el caballo iba, cinco años después, a robar un ómnibus de la Terminal.

El momento de mayor “fama” para “Tamalito” ocurrió en 2014, cuando se llevó el ómnibus del Sergio Gallegillo. El chofer del músico riojano había estacionado en la puerta del teatro Alberdi, donde el cantante iba a presentar su show. El micro quedó con el motor encendido, mientras el conductor completaba unos trámites adentro del teatro. En ese momento, el adolescente aprovechó la ocasión y subió al ómnibus que estaba ploteado con la foto y el nombre del cantante.

“Él solamente quiere llegar al barrio manejando un colectivo y que todos sus amigos lo vean”, dijo aquella vez el abuelo de “Tamalito” cuando LA GACETA lo entrevistó en su casa de Los Vallistos. Eso es precisamente lo que hizo el adolescente con el ómnibus del músico. Se fue hasta Los Vallistos para que lo vieran sus amigos. Lo dejó estacionado. Alguien avisó a la Policía y recuperaron el vehículo.

La tapa de LA GACETA en mayo de 2010.

En el teatro, Gallegillo dio el recital y los músicos no pudieron ocultar los nervios porque –a esa hora- no sabían dónde estaba el ómnibus. La Policía recuperó el ómnibus dos días después. Estaba a punto de ser saqueado en las cercanías de la casa de “Tamalito”, donde lo había dejado abandonado.

Enterado de la historia de “Tamalito”, el músico riojano dijo que iba a cumplirle el sueño al adolescente. “Quiero ir a Tucumán y llevar a “Tamalito” hasta su barrio para que lo vean sus amigos”, le dijo el músico al diario El Independiente de La Rioja.

La historia pegó fuerte en el espíritu de Galleguillo. “Es un pibe que se crió casi sin mamá ni papá, se crió en un hogar para niños de la calle, tiene un sueño de manejar y ser chofer de colectivo… a pesar del susto que viví, mi colectivo le cumplió el sueño”, escribió el músico en su muro de Facebook. “Ojalá algún día lo pueda ayudar, ojalá lo aleje de la gente mala que le da droga a los niños, ojalá algún día yo te lleve en mi colectivo a tu barrio y tus amigos vean que cumpliste el sueño de manejar un micro…”, agregó.

 

Fuente:

La Gaceta

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