San Juan: La historia de la empresa de transporte La Marina SA

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La vida se pasa entre idas y vueltas. Entre paradas, pasillos y asientos. Los viajes al trabajo, las charlas con compañeros después de la escuela, volver a casa después de rendir un parcial, encontrar a un amigo que no veías hace tiempo, mirar por la ventana como cae el sol, ver la gente pasar, contarle algo a tu mamá que te acompañó al centro, conocer a alguien que se convirtió en tu amor, saludar a los conductores de siempre. Y a los nuevos también.

La Marina es una empresa que acompaña hace ya casi 100 años a la provincia.  Tuvo su origen como la mayoría de las empresas que comenzaron en el suelo argentino. A través del trabajo duro de los inmigrantes que buscaban una vida mejor. Federico Galoviche, inmigrante yugoslavo parecido a cualquier otro español o italiano, empezó este recorrido que hoy transitamos, en el año 1926. Es la misma que invitaba a tus abuelos a pasear, la que ahora te lleva de Rivadavia a Capital. Las montañas del oeste siempre fueron nuestro hogar.

Ahora es necesario hablar de los años que pasaron. De todas las generaciones de esta empresa familiar que continuaron nuestro legado. La segunda nos dejó antes de tiempo, por lo que fue la tercera la que debiendo cambiar su proyecto de vida, decidieron ponerse la empresa al hombro.

Algunos tuvieron que dejar su profesión, otros la universidad, pero todos se unieron para hacer crecer la empresa y no dejar que el trabajo de tantos años quedara en la nada. Haciéndole frente a éste desafío se volvieron choferes, aprendiendo los recorridos más allá del papel, abrieron la caja de herramientas y se mancharon la ropa al entrar al taller, se desvelaron en la empresa como serenos, se fueron a dar vueltas por el gran San Juan siendo inspectores y atendieron numerosas llamadas y atestadas reuniones detrás de escritorios. Gracias a su esfuerzo y dedicación la empresa no se vino abajo y pudimos seguir llevándolos a destino.

Lograron festejar y afrontar adversidades. Días buenos vendrían, sumando recorridos y unidades. Días malos también como la crisis del 2001 y un inesperado siniestro en nuestra empresa. A pesar de ello, así como personas a lo largo de la Argentina reunieron las fuerzas para seguir adelante, nosotros también lo hicimos. Una verdadera familia supera las pruebas más difíciles, la pueden lastimar, pero no destruir, porque ella va más allá de lo material, tiene lazos invisibles, que son indestructibles. Gracias a nuestros vecinos de Marquesado, quienes no dudaron en brindarnos una mano en el medio de la tragedia, quién sabe cuánto más hubiéramos perdido sin ellos.

Así siguió nuestra historia hasta hoy. La tercera generación continúa trasmitiendo su experiencia, aunque algunos lugares quedaron vacíos. La cuarta generación, apuesta por y para San Juan con trabajo genuino, sacrificio, orgullo y responsabilidad, por ello y manteniendo estos principios seguimos adelante.

Nos queda destacar a otros protagonistas de ésta historia: nuestros colaboradores, quienes nos acompañan en nuestra misión y vocación de servicio: el transporte. Ellos nos representan. Muchos nos han visto crecer, y los han visto crecer a ustedes también. Nos enorgullece que abuelo, padre e hijo de una misma familia nos hayan elegido para trabajar. Gracias a todos aquellos que hicieron esto posible, de nuestra empresa y de La Positiva S.A., conductores, mecánicos, chapistas, tapiceros, electricistas, gomeros, lavadores, inspectores, serenos, administrativos y a nuestro querido Huguito.

De esta forma llegamos a ser la empresa que somos hoy. Una empresa que espera encontrarte en la parada todos los días. Espera al madrugador que sale a las seis para ir a trabajar o al que, terminando el día, solo piensa en llegar.

A nuestros pasajeros: Gracias por confiar en nuestros servicios y dejar plasmada una parte de su historia en nuestros asientos.

 

Fuente:

Diario de Cuyo

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