Colectivero, una profesión de alto riesgo en todo el país

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Crónica recolectó los testimonios, el miedo y los reclamos de los choferes que padecen a diario la inseguridad. Conocé sus historias.

Conducir con la firme convicción de no saber si regresarán a la terminal, puesto que es terminal, valga la redundancia, la situación que atraviesan los colectiveros en seguridad. El panorama es desolador, dado que no cuentan con ninguna garantía, y en consecuencia, los delitos se incrementan en cantidad y en el grado de violencia.

Los transportistas deben escoger a sus pasajeros en los horarios en que la delincuencia está al acecho: «Cada vez que nos levantan el brazo es un suplicio, porque primero nos invade un escalofrío por el cuerpo, al no saber qué puede pasar, y posteriormente tenemos que mirar tres veces a la persona que nos quiere parar, es como que hacemos un casting del pasajero«. El testimonio pertenece a Juan, delegado de la Línea 106, cuyo trayecto se desarrolla de Liniers a Retiro, es decir, atraviesa toda la Ciudad de Buenos Aires, territorio en el cual los ataques son menos frecuentes e incluso el nivel de agresividad es más leve, pero de todas formas existen.

En este sentido, el colectivero señaló que tuvieron «compañeros con cortes en la cara y en los brazos, principalmente en la zona de Retiro; los más habituales son los arrebatos de teléfonos celulares y demás pertenencias».

Sin embargo, Juan dejó en claro que «en nuestra línea hemos tenido hechos de inseguridad, pero no como los que tuvieron en Provincia, que son enormes». Fe de ello puede dar Mariano, chofer de la Línea 218, en la misma que se desempeñaba Pablo Flores, asesinado el pasado jueves 1º de octubre en Virrey del Pino.

Luego de dicha experiencia, el primero reconoció que «la situación es muy delicada. En nuestra empresa (Almafuerte), todos los ramales están complicados. El último viernes un grupo de ‘pungas’ tiraron a un pasajero abajo del colectivo, en el intento de arrebatarle sus cosas». Al respecto, Mariano enfatizó que «los arrebatadores están todos los santos días».

Por esta razón, los propios transportistas deben organizarse para protegerse entre sí. Una iniciativa radica en que los inspectores avisen con anticipación a los conductores respecto de la presencia de delincuentes que ya los han asaltado con anterioridad. No obstante, «éstos los echan del lugar para que no nos informen; los ladrones van rotando, se mueven de parada en parada, principalmente donde hay mucha gente», dijo.

Otra alternativa consiste en que los colectiveros se alerten entre sí mediante señas de una unidad a la otra, y en muchas situaciones sin pertenecer a la misma empresa o línea. Uno de los que emplea esta mecánica es Gabriel, cuya jornada de trabajo comienza a las 3, horario en el que él asegura que a «esa hora no cruzo un patrullero ni de casualidad. Los delincuentes te aparecen de contramano o del lugar que sea, con lo que sea, hasta con un martillo nos atacan, y no tenemos un policía al cual recurrir«. No sólo abordan armados con fines de robo, sino que, como reveló el mencionado chofer, «cuando suben te muestran un revólver y te dicen: ‘Me tenés que llevar’. Eso es lo más leve».

El último mes estuvo marcado por la consecución de hechos delictivos en el interior de colectivos, con desencadenantes violentos y extremos, como el ya dicho asesinato de Flores. Ello impulsó medidas de fuerza y manifestaciones en la vía pública por parte de los choferes, pero hasta el momento no se ha generado solución alguna.

En este sentido, Mariano remarcó que «hasta ahora no obtuvimos nada, y los procedimientos fueron en lugares tranquilos; estamos muy disconformes, esto se está desmoronando, va a terminar en un caos». Por eso, el colectivero afirmó que «lo que pedimos es mayor presencia, con operativos sorpresa, en los que los móviles requisen los colectivos, pero con sorpresa, porque los delincuentes ya saben dónde están los patrulleros». Por su parte, Gabriel exigió que «intervenga Gendarmería, puesto que ellos imponen respeto».

Mientras aguardaban por respuestas que les garanticen seguridad, al unísono los tres transportistas consultados por Crónica consideraron que «tenemos una mala sensación, trabajamos con miedo y debemos agradecer que cada día volvemos a casa hasta ahora; estamos todos en la misma situación: conductores y pasajeros».

En todo el país

La inseguridad no es una pasajera que sólo viaja en los colectivos de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, sino también en otros puntos del país. En las últimas semanas, el delito se tornó diario en los transportes públicos de distintas provincias.

En este sentido, Franco, quien se desempeña como colectivero en una línea que no quiso especificar por temor a represalias, enfatizó que «en Córdoba le hicieron un corte en la cara a un compañero, y para colmo nos sacaron los adicionales por trabajar en zonas rojas; a otro colega le pegaron un tiro, en la zona de San Fernando, horas antes».

 

Fuente:

Crónica

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