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Heredó de su padre el oficio de fileteador y ya no pudo dejarlo

Juan Alberto Urbina quería dedicarse a la música , pero su talento para dibujar le permitió dejar sus pinceladas en carros, camiones y colectivos.

La historia del lomense Juan Alberto Urbina, que empezó a ayudar a su papá y no pudo dejar el oficio. Su talento para dibujar desde chico, arte que trasladó a los pinceles.

El arte en su máxima expresión. Una técnica que tuvo un gran impacto y que supo reinventarse para perdurar en el tiempo. El Fileteado porteño es un género popular que nació a principios del siglo XX.

El lomense Juan Alberto Urbina es fileteador y aprendió el oficio desde su infancia gracias a su padre, quien sigue en actividad. Pese a reconocer que no quería trabajar en el filete, su talento innato para dibujar le permitió dejar sus pinceladas en innumerables carros, camiones y colectivos.

Cuando era chico, mi papá tenía un taller de pintura de colectivos y camiones. En ese momento trabajaba con la línea 341, hoy la 177. Estaban los colectivos rojos y los azules, por eso tengo una debilidad por este transporte». Así comienza a contar su historia Juan Alberto, un banfileño que ya desde chico empezó a tener contacto con el arte, el cual lo atrapó con el paso del tiempo.

Juan Alberto admitió que desde que tiene memoria intentó no ser filetista porque se quería dedicar a la música: «Toda mi infancia me la pasé dibujando porque me gustaba y eso me dio la posibilidad de tener una capacidad de observación para las proporciones».

«Un día mi padre me preguntó si lo quería ayudar. En ese momento pintábamos tanques de motos y, aparte, solíamos hacer carteles de remate, por lo que también domino la chapa, la madera, el soplete y el aerógrafo», dijo el artista. En el taller de su casa hacían a mano todas las franjas características de los colectivos, a los costados y a los alrededores de la rueda. «Así empecé en el fileteado, repasando letras», señaló Juan Alberto.

Camiones de corralones, vehículos de verduleros y hasta carros eran moneda corriente y un buen espacio para plasmar el arte y filetear: Juan Alberto se encargaba de los fondos y su padre trabajaba en los detalles.

SU MAESTRO

Juan Manuel, padre de Juan Alberto, aprendió el oficio en La Boca, pleno barrio porteño, de la mano de Miguel Grasso. Actualmente tiene 79 años y aún sigue con el filete, en una muestra clara de que para la pasión no hay edad.

Sobre su labor, dijo que siempre hay trompas de colectivos o camiones que son más lindas de filetear, como por ejemplo el famoso 1114, pero que después se adapta a las distintas carrocerías y superficies. Lo que más le apasiona es confeccionar los dibujos: «Me aburre la monotonía, pero por suerte en estos días me piden una variedad muy amplia de diseños, entonces lo tomo como un desafío». El logo de la banda Los Piojos, Las Cataratas del Iguazú y hasta un boxeador son algunos de los pedidos que llegan a sus manos para que plasme en distintos espacios.

Cuando se le preguntó por la cantidad de fileteados hechos a lo largo de su vida, Juan Alberto admitió haber «perdido la cuenta», pero en una cuenta aproximada calculó alrededor de 140 vehículos por año. «Los de ahora, por los dibujos más complejos, me llevan entre uno y dos días cada uno», contó.

IMPACTO MUNDIAL

El 1° de diciembre de 2015 el fileteado fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, mientras que el 14 de septiembre se festeja su día: es en homenaje a la primera exposición de filete porteño que se hizo en Buenos Aires en 1970, más precisamente en la Galería Wildenstein.

En medio de la pandemia, el festejo por su día fue totalmente atípico. Es que la Asociación Argentina de Fileteadores acostumbraba a hacer exposiciones presenciales, pero en esta oportunidad se llevó a cabo de manera virtual: fue dedicado a Fernando «Memo» Caviglia, fileteador, creador y presidente de la asociación, quien falleció a principios de este año.

Juan Alberto contó que una de las rarezas de su empleo fue haber fileteado un auto de alta gama: «Era un modelo 2018. Me pidió un diseño para la parte trasera y le hice uno parecido a los que uso para los colectivos».

El legado, otro de los temas tratados, no es un problema para Urbina. «A mi hijo no lo presiono en lo más mínimo con el tema del filete. Tiene que salir de él un supuesto interés, eso sí, se la pasa dibujando como lo hacía yo», concluyó.

HISTORIA POPULAR

Entre los historiadores existe un acuerdo de que el fileteado porteño nació en Buenos Aires a principios del siglo XX. Los fileteadores desarrollaron la actividad en las fábricas de carros, siendo varios inmigrantes italianos los primeros maestros y artesanos. Hay que destacar que los primeros fileteadores que se conocieron fueron Salvador Venturo, Vicente Brunetti y Cecilio Pascarella.

 

Fuente:

La Unión

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