Rosario: La alegría de los dos maleteros más viejos de la Terminal de Omnibus tras el reconocimiento a su trabajo

Llevan 53 y 47 años de actividad en la estación. Uno es bailarín de tango y folclore, pero nunca dejó su «profesión»

Con 53 y 47 años de trabajo ininterrumpido, los dos maleteros más antiguos de la Terminal de Ómnibus Mariano Moreno expresaron su alegría tras aprobarse la ordenanza que los reconoce como empleados formales de un espacio para el que aportaron una tarea vital a fuerza de levantar y acomodar valijas en los micros.

“Después de tantos años de lucha hemos logrado entrar en el sistema, porque nosotros somos trabajadores, siempre lo fuimos. Cumplimos un horario, trabajamos ocho horas, y nunca tuvimos resultado positivo, pero gracias a los concejales que nos respaldaron pudimos lograr esto”, sintetizó Juan Miguel Costa, sobre esa silenciosa pero esencial tarea que despliega el grupo de 54 maleteros de la estación de colectivos de Rosario.

El hombre, que es bailarín de tango y folclore y supo representar a la ciudad en festivales internacionales, levanta las últimas valijas a la bodega del colectivo de la empresa Micro que ayer, a las 15.30, partió a Santa Fe, y accede a dialogar con La Capital. Es expeditivo porque a los pocos minutos debe correr a otro andén a recibir o despachar más servicios.

A sus 71 años (tenía 18 cuando empezó a trabajar), remarca que lo que para cualquier ciudadano puede verse como una tarea informal, para él es “una profesión” y recuerda que pasó “momentos muy duros” al cubrir alguno de los tres turnos en los que se diagrama el trabajo: de 5 a 13, de 13 a 21 y de 21 a 5.

Coreógrafo y bailarín, pero valijero de profesión

“Fui coreógrafo y bailarín del ballet municipal durante 17 años, mientras también era valijero. E hice trabajos en el Circo Tihany. Estuve en Estados Unidos, en Italia, y en Brasil, representando la ciudad. Pero a esto lo adoro, es mi trabajo. Me encanta estar en contacto con el público, los choferes, y con los pasajeros, que retribuyen si uno los trata bien. Lo mismo pasa con los empleados de los bares”, cuenta orgulloso Juan Miguel.

En tantos años de recibir y despedir a miles y miles de personas desconocidas, generó vínculos entrañables con jóvenes estudiantes o empleados, que llegan a la ciudad de localidades o provincias cercanas para formarse en alguna facultad o a trabajar durante la semana. “A muchos que ahora son profesionales les cargué sus valijas. Ellos mismos me lo recuerdan. Son médicos, odontólogos, abogados, de Paraná o Santa Fe. Una vez fui al sanatorio y el médico me dijo «yo a usted lo conozco». Era era uno de esos jóvenes”.

Jubilado con un haber mínimo que no alcanza, Juan Miguel está contento porque hace 15 días volvió a trabajar en la Terminal después del paréntesis que le impuso la pandemia. Como hace una vida, sigue acomodando valijas en los colectivos. Está casado con una docente y tiene dos hijos: un varón que sigue sus pasos como valijero y una joven que es médica. Al final de la charla se le dibuja la sonrisa en la cara mientras recibe un “chau Miguel” afectuoso y el apretón de manos del chofer que sale rumbo a Santa Fe.

Antes era un número de un talonario de papel amarillo, rosado o verde, según se disponía, que se enganchaba con un a tira de hilo de algodón o choricero a la manija de la valija o el bolso, lo que permitía retirar la pertenencia en destino. Ahora se colocan tickets adhesivos, que según el día y los turnos, pueden ser hasta 300 por jornada por cada empleado.

Otro veterano con la esperanza de un sueldo mínimo

Con la sonrisa en los ojos, Roberto Aprile, de 77 años, también se coloca en el podio de los empleados más veteranos de la emblemática estación de colectivos, ubicada en Santa Fe y Cafferata. “Juan es el más viejo, pero le sigo yo, con 47 años de trabajo, toda una vida. En otras épocas limpiábamos, pintábamos o barríamos toda la estación. La Municipalidad supervisaba esas tareas, y cuando llegábamos tarde nos suspendía, pero no tenía potestad para eso”, puntualiza.

Mientras sube las valijas de una pareja rezagada, no oculta su satisfacción. “Por suerte ahora se encaminó todo después de tanto tiempo, creo que nos van a dar un sueldo mínimo. Lo bueno es que van a poner cuatro chicas”, explicó. Aunque advirtió que deberán estar preparadas para el trajín, porque “hay valijas que pesan hasta 70 kilos”, a pesar de que el máximo permitido por persona es de 20 kilos de equipaje.

Cuando se le pregunta por equipajes raros que debió acomodar en la bodega, recuerda “una tabla de wind surf”, y miles de viejos televisores a tubo y bicicletas. “No queremos dejar al pasajero sin acomodarle las cosas, porque si no después tiene que pagar mucha plata. Tratamos de acomodarle el equipaje, no lo dejamos a pie nunca. Si no nos dan propina no pasa nada, le decimos que otro día”.

“Estamos contentos nene”, repite Roberto. Con una cuota de picardía, amenaza con contar “miles de historias» que vivió y presenció en las noches y madrugadas de la Terminal, pero prefiere atesorarlas en su memoria. “Puedo escribir diez libros”, aventura uno de los 54 trabajadores que desde ayer, tal vez tarde pero merecidamente, fue reconocido como empleado formal de la flamante cooperativa que brindará sus servicios al ente municipal que administra la estación Mariano Moreno.

Profesionalización y dignidad

La ordenanza que aprobó el Concejo Municipal para regular la actividad de los maleteros de la Terminal de Ómnibus Mariano Moreno es una iniciativa del edil justicialista Eduardo Toniolli, que logró consenso mayoritario de los bloques que integran el cuerpo deliberativo y el acompañamiento del Ejecutivo local.

En relación al financiamiento de la cooperativa que integran casi 60 trabajadores, se especifica que “se destinará un porcentaje del derecho de uso de plataformas”, el 20 por ciento. Al mismo tiempo, Toniolli consignó que se plantea “un aumento de esa tasa, ya que “desde el Ejecutivo se determinó que estaba muy atrasado”.

Uno de los trabajadores maleteros de la Terminal, explicó que se busca apuntar a la “profesionalización del maletero”. Por eso el desafío a futuro es generar herramientas para dictar cursos “en idiomas y de primeros auxilios, entre otros, y para la prevención de la trata de personas”, indicó José Luis Donatto, uno de los miembros de la cooperativa.

 

Fuente:

La Capital

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