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Arte sobre ruedas: Un bondi con destino a la belleza

Los laterales de los colectivos son el territorio sobre el que la artista visual se detiene para retratar una época y una identidad urbana en movimiento pero casi invisible.

¿De qué manera se unen la abstracción artística con los laterales grises, negros y rojos de la línea de colectivos 12, que une Puente Pueyrredón con Pacífico, o con los rojos, blancos y azules de la 151, que conecta Constitución con Puente Saavedra? En Inconsciente colectivo, Andrea Schvartzman Porter ensaya una respuesta visual al interrogante.

En el volumen, editado por Proyecto Ronda, aparecen 25 óleos sobre tela basados en los costados de unidades de más de 20 líneas de transporte automotor que transitan por la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, fotos de los vehículos en playones, proyecciones de sus diseños en un centro de artes en la ciudad canadiense de Banff, e imágenes de la muestra Tránsito, montada en el restorán porteño Lelé de Troya en 2020.

En sus pinturas, la artista argentina evita recorrer el camino del fileteado y también esquiva los isologotipos de las empresas, elementos que sí están presentes en las fotos. De esta manera, Schvartzman Porter instala un objeto cotidiano sobre el que pocas veces se posa de manera atenta nuestra mirada (¿quién se detiene a observar en detalle los colores de la carrocería del 109 o del 71?) y en un mismo movimiento, aparte de resaltar el aspecto geométrico de esas franjas que ornamentan los bordes de los colectivos, rescata diseños que en varios casos han desaparecido o se han transformado hasta volverse irreconocibles respecto del original.

Un bar de Colegiales enmarca la charla con la autora. A pocos metros, pasan colectivos de las líneas 19 y 65, rojos y grises los primeros, casi totalmente blancos los segundos, diferentes a sus colores históricos.

–¿Por qué la decisión de tomar las partes laterales de los colectivos para este proyecto artístico y bibliográfico?

–Porque son la parte más sintética de la representación de la imagen que me interesaba destacar. Cuando empiezo a ver que a fines de los 90 se empiezan a perder esos aspectos, decido registrarlos y trabajar con ellos. Es un elemento súper identitario de la ciudad de Buenos Aires. En Rosario son casi todos blancos, por ejemplo. Y acá se está acabando la variedad de diseños que había antes.

–¿Cuándo fue el período de toma de imágenes?

–En 2001 y 2002 la mayoría, pero algunas fueron en 1999. Desde ahí se armó un quiebre con las gráficas de los colectivos, empezaron a cambiar o a desaparecer muchas.

–En el libro hablás del colectivo 95, de colores marrón y amarillo, y que lo tenías presente desde tu infancia. Muchas veces los recuerdos infantiles funcionan como disparador de una obra. ¿Fue este el caso?

–El 95 es un caso particular: era un colectivo que no tomaba salvo para ir a lo de mis tías abuelas desde lo de mis primas. Ese colectivo no cambió en nada sus colores, y siguen siendo muy particulares. Es una línea, como muy pocas otras, que mantiene su identidad. Eso hizo que lo mencionara en la primera parte del libro. Tiene colores particularmente antiguos, por esos tonos de marrón y amarillo muy poco habituales. El 59 y el 152 también se han modificado muy poco.

–Hay fotos y óleos de líneas como la 12, la 15, la 151. ¿Cómo fue el recorte? ¿Pensaste en trabajar con todas las líneas de Capital y Gran Buenos Aires?

–No, el recorte se basó en el tiempo que tenía yo. Me basé también en la cercanía. Cuando sacaba las fotos, era una chica que entraba sola a los playones, no siempre eran amables las personas de las empresas. A veces iba con un amigo, porque era medio power el asunto. Así que todo estaba recortado por mis posibilidades de tiempo. No llegué a retratar al 65, que era verde, amarillo y negro; o al 44, que era celeste y rojo. La idea era ir sacándole fotos a la mayor cantidad de colectivos, ahí donde estuvieran. Era agarrar el auto e ir a Constitución o a Barrancas de Belgrano, pedir permiso en los playones, pasar y sacar las fotos.

–¿Qué tipo de dificultades encontrabas en las terminales?

–En general había dos o tres choferes, y les extrañaba la situación. Yo contaba que era un proyecto, mucho no lo entendían. O me decían “No, la patente no la saques”. Yo iba con mi cámara con rollo, y era sacar en ese momento o nunca más. Llegar a un playón en Barrancas de Belgrano y que hubiera muchos 64 o 55 era para mí como llegar a Disney.

–De los colores de las gráficas que se perdieron y de las que están, ¿cuáles son las que más te llaman la atención?

–La del 95 me encanta; la del 39 también, los dos son marrones y son muy diferentes al resto. El 59 también me encanta, con ese verde, rojo y amarillo crema. El 109 es muy llamativo, es rojo, negro y con una franja que es un degradé entre un azul de Prusia y un verde militar, más un tono crema. Y el 55, que es rojo, a veces tiene una banda con un tono de negro y otra banda con otro tono de ese color.

–¿Quién diseña las gráficas de los colectivos? ¿Hay especialistas?

–No tengo idea. ¿Quién diseñó los colectivos? No lo sé, no sé cómo se definió cada color de cada línea. Sí corroboré que era para ayudar a las personas analfabetas a distinguir las líneas. Ves de lejos a qué línea corresponde cada colectivo, es un código muy útil. Los que fileteaban sí firmaban. En general, hay más fans del tema mecánico o de los distintos modelos de colectivo.

–Esos elementos representan un lugar intermedio entre la abstracción y la no abstracción, como señalás en el libro; son elementos geométricos pero que son parte del paisaje urbano de todo los días…

–Me interesa para mi obra ese cruce, me pasa con otras series de pinturas que hago. Es como un lugar donde se cruzan la fotografía y la pintura, no me interesa en sí la cosa hiperrealista, y esto es un lugar un poco intrigante, donde uno puede ir un poco más hacia lo figurativo o un poco más hacia lo abstracto y además es un lugar de investigación de la imagen y en cuánto se puede descomponer o hacer más evidente en tanto objeto o espacio reconocible.

–En otros trabajos tuyos abordaste las marcas de los cuadros en las paredes; pareciera que lo que está en los márgenes es algo que interesa especialmente.

–Si, si, es un poquito el motor de mi obra. Eso de las marcas de los cuadros lo empecé a ver cuando tuvimos que sacar empapelados de la casa de mi abuela. En Brasil, en una bienal, en un par de lugares vi esas situaciones y empecé a sacar fotos. Nadie mira las marcas que habían quedado en el empapelado y tienen una riqueza tremenda.

–¿Existen otros trabajos en el arte argentino que trabajen este cruce entre la abstracción y el transporte urbano de pasajeros?

–Esto es un cruce entre abstracción geométrica y la realidad y, en general, a los que les interesa la abstracción les interesa la abstracción pura. Que yo conozca no hay trabajos en esta línea.

–Si bien están retratados en las fotos, no tomaste los logos de las empresas en los cuadros. ¿Por qué?

–Los descarté intencionalmente, como también el fileteado. De todas maneras, en las fotos que están en el libro aparecen los logos y está bueno que esté en la instancia fotográfica y no en la pintura porque no me interesaba el hiperrealismo.

–Cabría preguntarse por qué no hubo colectivos mayoritariamente pintados de rosa o negro.

–(Piensa)…lo del color negro, quizá en el Buenos Aires de los 40, ir por una calle a oscuras con un vehículo de ese color, no era práctico. Aunque los autos en esa época en su mayoría eran negros, y los taxis son negros. Ahora que pienso, tampoco había de color lila. Y respecto del rosa, imagino que por el contexto ni se les habrá cruzado por la cabeza a los dueños de colectivos pintarlos de ese color.

–Antes también había más colores de modelos de autos; pareciera que técnicamente es posible generar muchos más colores que antes, pero hay menos variedad en las calles.

–Responde a las modas, creo. Mi familia tenía un FIAT celeste, después otro amarillo huevo. Esos colores se ven muy poco en los autos actuales. Se estandarizó bastante todo.

–Hablaste de una parte de cierta hostilidad en las terminales, pero imagino que también habrá habido alguna buena experiencia…

–Sí, después se enganchaban. En 2021 estaba recopilando fotos y viendo algunas del 95, y volví a la terminal de Pacífico para ampliar mi registro fotográfico. Ahí, Andrés, un chofer, se copó mal, me dijo “te espero”, y quedó fascinado.

 

Andrea Schvartzman Porter
Buenos Aires, 1970. Artista.

Se graduó́ como diseñadora gráfica en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. Ingresó en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y estudió Filosofía e Historia del Arte en la Facultad de Filosofía de la UBA. Cursó un posgrado de Arquitectura en la Universidad Di Tella. Se desempeñó como docente en la FADU-UBA y en la Universidad de Morón. Asistió́ a talleres y clínicas de obra con los artistas Silvia Brewda, María Luisa Manassero, Tulio de Sagastizábal, Jorge Macchi, Oria Puppo y Sergio Bazán. Actualmente es artista de la galería Diderot con base en la ciudad de Buenos Aires y México.

 

 

Fuente:

Clarín

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